La cabaña ganadera estadounidense se ha reducido a 86,7 millones de cabezas, la cifra más baja desde 1951. Es la secuela de la sequía de 2020-2023, que obligó a los rancheros a liquidar masivamente sus rebaños de vacas madre. El efecto se ve en los precios: el ganado de abasto y los cuartos de vacuno al por mayor marcan máximos históricos, y el precio minorista de la carne vacuna en EE. UU. sube claramente más rápido que el resto de la cesta de alimentos. Aun así, la demanda se mantiene sorprendentemente firme.
Lo más interesante es la paradoja de la reposición. Para que la cabaña crezca, el ranchero tiene que retener una vaquilla en lugar de mandarla al matadero, y desde esa decisión hasta que llega carne adicional al mercado pasan casi tres años: monta, nueve meses de gestación y un largo engorde. Cada paso hacia la reposición agrava, por tanto, el déficit actual. A esto se suma el gusano barrenador en México, por el que Washington ha cerrado en repetidas ocasiones la frontera a los terneros mexicanos, normalmente más de un millón de cabezas al año. La biología del ciclo blinda la escasez de oferta al menos hasta 2027-2028.