El mercado mira la energía nuclear a través del precio del uranio, pero el verdadero cuello de botella de la cadena de combustible está más adelante: en la conversión (UF6) y el enriquecimiento (un servicio que se mide en SWU). Ahí es donde se concentra la escasez estructural, y su origen es político, no geológico.
La ley estadounidense que prohíbe importar uranio enriquecido ruso (2024) deja fuera a un proveedor que cubría entre una cuarta y una tercera parte de los servicios de enriquecimiento en Estados Unidos. Rusia respondió con restricciones a la exportación. La capacidad occidental (Urenco, Orano) es limitada y se amplía en años, no en trimestres. El resultado: los precios del SWU y de la conversión de UF6 se dispararon a máximos de varios años, y las plantas de enriquecimiento pueden firmar contratos largos en condiciones cada vez mejores.