Durante décadas, las minas de cobre pagaron a las fundiciones entre 50 y 100 dólares por tonelada para procesar concentrado de cobre. En 2025, las tarifas spot de tratamiento y refinación (TC/RC) cayeron en terreno profundamente negativo, culminando con el acuerdo de Antofagasta y las fundiciones chinas para un benchmark anual de 2026 cercano a menos 40 USD por tonelada: el primer valor negativo en la historia de este mercado. En la práctica, las fundiciones pagan una prima a las mineras para asegurar carga en sus hornos. No es una anomalía pasajera, sino el choque de dos curvas estructurales: la rigidez en la oferta minera frente al exceso de capacidad de fundición.
Por el lado de las fundiciones persiste un auge expansivo: China sigue inaugurando plantas, Indonesia levantó capacidad propia ante la prohibición de exportar mineral en bruto y en India entró en operación el complejo gigante de Adani. Por el lado minero, la oferta de mineral está estancada tras una sucesión de disrupciones en 2025: la erupción de lodo en Grasberg (fuerza mayor y producción reducida hasta bien entrado 2027), inundaciones en Kakula (RDC), la paralización continuada de Cobre Panamá y accidentes en El Teniente (Chile). Una nueva fundición se levanta en 2-3 años; una mina de gran escala tarda más de una década. Este desequilibrio no se resolverá en un solo ejercicio.