La mayor parte del capital del sector de la inteligencia artificial fluye hacia los fabricantes de chips. Sin embargo, la restricción más dura y más difícil de sortear está una capa más abajo: se trata de la electricidad y, más concretamente, del acceso inmediato a un suministro muy estable. Un centro de datos moderno puede consumir tanta electricidad como una ciudad pequeña. Necesita un suministro ininterrumpido, situado cerca del consumo y puesto en marcha en un horizonte corto, de dos a cuatro años. Es una barrera física al crecimiento que ningún código fuente va a superar. Ahí está hoy el verdadero problema de oferta del mercado.
¿Por qué turbinas de gas y no energía verde o más red? Las colas de conexión en Estados Unidos y Europa se alargan durante años. Los operadores de transmisión no pueden construir líneas de alta tensión al ritmo que exigen los gigantes tecnológicos. Las renovables, por su parte, se atascan en los trámites administrativos y son inestables por naturaleza. El almacenamiento solo desplaza la energía en el tiempo, no la genera de la nada. La nueva generación nuclear (incluidos los reactores SMR) sigue a una década de la escala comercial. Las turbinas de gas pesadas siguen siendo la única tecnología que permite a los operadores levantar una potencia grande y totalmente gestionable justo al lado de la sala de servidores, dentro del plazo que se han fijado. Los principales proveedores de nube y las eléctricas vinculadas a ellos lo saben perfectamente y están encargando unidades de gas en masa.