El consenso trata a los fabricantes de ascensores como víctimas de la crisis inmobiliaria china: las instalaciones nuevas en el mayor mercado del mundo caen a doble dígito por tercer año consecutivo y las cotizaciones de Otis y KONE han reaccionado a cada dato débil de la construcción. Sin embargo, esta visión ignora la estructura de beneficios del sector. El ascensor opera bajo el modelo clásico de cuchilla y maquinilla: la venta del equipo nuevo apenas deja margen, mientras que la verdadera rentabilidad se genera a lo largo de 20 a 30 años de mantenimiento, reparaciones y modernización. El parón promotor golpea la parte menos rentable, mientras la más lucrativa se acelera.
El motor reside en la edad del parque instalado. En China opera más de un tercio de los ascensores mundiales (~11 millones de unidades), instalados en su mayoría durante el boom de 2005-2015. Tras 15-20 años, un ascensor requiere modernización integral o sustitución. Más de un millón de unidades ya superan los 15 años y rozarán los dos millones a final de década. Este flujo de demanda depende del calendario y no del ciclo inmobiliario.