En diciembre de 2024 el cacao marcó un récord histórico de casi 13.000 USD por tonelada en Nueva York, más del cuádruple de su promedio histórico. Esos precios desataron una clásica respuesta de oferta: mayores pagos al productor en Costa de Marfil y Ghana motivaron la fertilización de fincas, mientras Ecuador y Brasil expandieron hectáreas con la variedad CCN-51 de rápido rendimiento. Al mismo tiempo, la molienda global cayó en 2025 ante la menor demanda de chocolates encarecidos. Como resultado, el mercado volvió al superávit (segundo consecutivo en 2025/26 según la ICCO) y las cotizaciones cayeron más del 50% desde máximos.
El núcleo de la tesis reside en la inercia contable. Los fabricantes cubren compras con 6 a 12 meses de antelación, por lo que en 2025 y el 1S 2026 sus cuentas aún absorbían contratos a precios récord. Por eso Hershey redujo su previsión de beneficios en 2025 más del 30%, Mondelez reportó inflación sin precedentes y Barry Callebaut sufrió caídas históricas de volumen con capital circulante inflado. Esa misma inercia opera ahora a favor: el grano barato pactado desde otoño de 2025 entra en costes a partir del 2S 2026 y brillará en 2027.