El 10 de septiembre de 2025, drones rusos violaron el espacio aéreo polaco y la OTAN realizó las primeras interceptaciones cinéticas sobre territorio aliado. Ese otoño, aeronaves no tripuladas paralizaron aeropuertos en Copenhague, Múnich y Bruselas. La principal lección de estos incidentes fue económica: cazas de combate disparaban misiles de cientos de miles de dólares para abatir drones señuelo de apenas unos miles de dólares. Una doctrina defensiva en la que cada disparo cuesta cien veces más que el objetivo quiebra financieramente antes de perder la guerra.
Esta asimetría de costes ha desencadenado un cambio estructural. La OTAN activó la misión Eastern Sentry y la Unión Europea anunció su iniciativa del «Muro Antidrones» con el objetivo de plena operatividad a finales de 2027, respaldada por el programa Eastern Flank Watch. La financiación ya está disponible: el mecanismo SAFE moviliza 150.000 millones de euros en préstamos militares, con Polonia como principal receptor (~44.000 millones de euros). Estos fondos no se dirigen a plataformas pesadas tradicionales, sino a la capa específica C-UAS: radares activos y pasivos, inhibición radioelectrónica, cañones con munición programable y láseres de alta energía que reducen el coste por interceptación de millones a miles de dólares.