El sector del acero europeo ha sido prácticamente desahuciado por el mercado. Las plantas de la UE operan a un ~65% de capacidad, las importaciones controlan casi un cuarto del mercado y las exportaciones de acero chino baten récords por encima de los 110 millones de toneladas anuales. Para colmo, EE.UU. elevó en 2025 los aranceles de la Sección 232 al 50%, cerrando su mercado y desviando los excedentes mundiales hacia la gran economía más abierta: Europa. Los precios de la bobina laminada en caliente (HRC) rondaron los costes de producción, hundiendo las valoraciones muy por debajo del valor contable.
Este escenario está llegando a su fin. El mecanismo de salvaguardia vigente desde 2018 expiró a finales de junio de 2026 por límites de la OMC. La Comisión Europea presentó en octubre de 2025 su marco sucesor, que supone un cambio radical de régimen: las cuotas libres de arancel se reducen a 18,3 millones de toneladas anuales (la mitad de los volúmenes recientes de importación), el arancel fuera de cuota sube del 25% al 50% y la norma "melted and poured" (fundido y vertido) exige certificar el origen del metal en el lugar de colada, cerrando triangulaciones desde terceros países. La medida cuenta con un respaldo político unánime desde París y Berlín hasta Roma y Varsovia.