El mercado lleva dos años valorando el software bajo una narrativa única: los agentes de IA reemplazarán a los empleados, erosionando los modelos de suscripción por usuario (per-seat). Este temor comprimió los múltiplos del sector, incluso donde la lógica opera en sentido contrario. El software de seguridad de identidad no se factura por número de empleados, sino por identidades, cargas de trabajo y flujos. Y los agentes de IA no reducen estas unidades, sino que las multiplican: cada agente desplegado representa una cuenta nueva, claves API, tokens OAuth y permisos elevados que deben otorgarse, restringirse, rotarse y auditarse.
La magnitud del desafío era evidente antes de la ola de agentes: según CyberArk, en las empresas existen ya más de 80 identidades de máquinas por cada empleado humano, en su mayoría con acceso a datos sensibles y sin supervisión. El incidente de Salesloft Drift en 2025 demostró las consecuencias: tokens OAuth robados de una sola integración dieron acceso a datos de cerca de 700 organizaciones, incluidas empresas de ciberseguridad. La vulnerabilidad no fue humana, sino credenciales de máquinas descontroladas, exactamente la superficie que los agentes de IA expandirán de forma masiva.